LEÓNIDAS ZEGARRA UCEDA: THE ANTICOMMUNIST FILMMAKER, CINEASTA ANTICOMUNISTA EXTRAORDINARIO.

LEÓNIDAS ZEGARRA UCEDA: THE ANTICOMMUNIST FILMMAKER, CINEASTA ANTICOMUNISTA EXTRAORDINARIO.
LEÓNIDAS ZEGARRA UCEDA Y FERNANDO "HUANCHACO" GUTIÉRREZ

miércoles, 7 de julio de 2021

Susana Condori: Entrevista en diario Los Tiempos (Bolivia). Actriz de películas de Leonidas Zegarra.

 https://www.lostiempos.com/oh/entrevista/20210704/susana-condori-cuando-dicen-que-no-podre-solo-me-dan-fuerzas-lograrlo

 

Susana Condori: “Cuando dicen que no podré, sólo me dan fuerzas para lograrlo”

Entrevista



  • Consagración: Condori fue al festival Filmmapalooza celebrado en París.

Rafael Sagárnaga

Publicado el 04/07/2021 a las 16h09

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Los logros que suele alcanzar en los escenarios María Susana Condori Kantuta marcan un contrapunto a las adversidades que le ha puesto el destino. Seguramente, por ello también es frecuente que la inviten a dar charlas motivacionales en diversas instituciones. Basta considerar que a los nueve años ya una tragedia le marcó un antes y un después en su vida. Recuerdo con el que empezó la entrevista que le concedió a OH!.

—Entiendo que usted se vio ya de muy niña alejada de sus padres y hermanos. ¿Qué pasó?

—A mis nueve años quedé huérfana de padre. Él y mi madre trabajaban como obreros de la fábrica (textil) Soligno y éramos siete hermanos. A esa edad me fui a vivir con mis tíos por parte de mi madre y con mi abuelita. Entonces empezó ese calvario que probablemente vive todo huérfano. Resultaba doloroso ser sobrina y ser la empleada de la casa al mismo tiempo. Si hacía quemar algo, tenía que comer lo quemado, mis errores eran delitos, y como castigo no debía comer o cosas así.

De niña, una no entiende bien las cosas. Lo peor llegó cuando murió mi abuela, a mis 11 años, que era quien me cuidaba, protegía y daba algunos recreítos cuando iba al colegio. De hecho, sólo cursé colegio hasta quinto de primaria. En la casa, a una la hacían sentir como si fuera una carga para la familia de mi madre. Siempre aparecía una prima que me regañaba o me quitaba la ropa, y por último tenía que andar con la ropa de la abuela. Así empecé a trabajar muy pequeña, no conocí, por ejemplo, eso que son los festejos de Navidad en familia.

—Usted que tiene fama de ponerle el pecho a las balas, ¿cómo combatía esa pesadumbre y soledad?

—En una de las paredes de mi cuarto estaba pegada la foto de Roberto Carlos. Lo veía emocionada con la sensación de cantar ante un auditorio. Para mí, él se volvió como mi ángel guardián porque una vez soñé que me hablaba y me mostraba mi camerino. Esa vez no tenía idea de lo que es un camerino, pero era igual a lo que años más tarde conocí. Igual ahí en mi sueño había personas muy amables que hablaban y me trataban bien.

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Internacional: Condori ha participado en varios largometrajes internacionales, acá en Lo peor de los deseos de Claudio Araya.

—¿Entonces tuvo un sueño premonitorio cuando era niña?

—Sí, soñar con Roberto Carlos fue algo maravilloso. Siempre recuerdo ese sueño, esos lugares que en mi vida no había visto. Pero muchos años después conocí a esa gente buena que te trata bien y la vi en las producciones. También sabía, presentía, que ese sueño en algún momento iba a ser realidad.

—El sueño cristalizó años después. ¿Qué hecho importante vino luego en su juventud?

—A mis 16 años fui mamá. Inicié mi vida de pareja. Mi esposo era un poco mayor. Empezó también una vida sacrificada en la que tuvimos que apoyarnos ambos. A veces había trabajo, a veces no, y entonces ambos teníamos que ver cómo traer la comida a la casa. La vida fue avanzando así. Él es mecánico, yo he realizado labores de limpieza y otros trabajos en diferentes casas. Hemos tenido tres hijos.

—¿Y realizó algún otro tipo de estudios o sólo se quedó con lo aprendido hasta quinto grado?

—Decidí culminar mis estudios, no me caía bien que mi esposo me llame “analfabeta” o diga que si no era bachiller, no servía para nada. Entonces me saqué tiempo y estudié en las escuelas nocturnas para adultos en los CEMA (Centro de Educación Media Acelerada). Luego, hasta hice vestibulares para la carrera de Ciencias Políticas en la Universidad Mayor de San Andrés. Pero era complicado seguir porque los hijos también ya tenían que estudiar y había muchas responsabilidades.

—¿Fue ahí donde tal vez empezaron sus primeras actuaciones o salidas a los escenarios?

—No, yo primero ingresé a los centros de madres. Nos ayudaban con azúcar, aceite… pero también nosotros teníamos que responder cocinando comidas tradicionales. Y además nos pedían que realicemos investigaciones culturales.

Un día, en un centro de madres de la zona norte de La Paz, las compañeras me dicen: “Tú, Susi, puedes, haz una poesía”. Y me dije: “Bueno, ya pues, saldré”. Y actué ante las mamás.

—¿Y algún debut ante más público y cámaras?

—Sí, una vez hubo un concurso auspiciado por Entel, en la plaza Abaroa, con televisión, animadores y todo eso. Dijeron: “¿Quién se atreve a bailar?”. Me atreví y me puse a bailar ante tanta gente.

—Presumo que esa predisposición para salir a los escenarios también la trabajaba en casa cantando, bailando y actuando, seguramente a solas. ¿Es así?

—Sí, siempre me miraba en el espejo como buscando algo más. Incluso cuando estaba embarazada de mi tercer hijo trataba de ver cómo me podía salir cantar o bailar. Ahora lo veo a mi hijo ya grande, de 29 años, y me emociono al recordar cómo bailaba con él en mi panza. Incluso, a veces, lloraba, tal vez por estar sensible por el estado de gestación.

Años después, ya también en casa me ponía algunos karaokes y cantaba para afinar la voz. Luego, actuaba y recitaba cada vez más frecuentemente en los clubes de madres. También fue complicado.

—¿Por qué?

—Mi mamá y también mi esposo me reclamaban porque yo salía cada vez más frecuentemente a esas actividades. Me decían: “¿Te pagan?”, “¿de eso vas a vivir?”, “qué va a decir la gente”, “estás loca”, “estás descuidando la casa”, pese a que yo me organizaba para que nada falte. Alguna vez hasta tuve que mentir.

—Y un día, cuando ya había pasado sus 45 años de edad, decide presentarse a un casting. ¿No es cierto?

—Un día un amigo, Sergio Tarqui, en 2005, me dice: “Susi, hay un casting, puedes ir”. Yo respondí: “Ya, ya pues, iré, aunque no entendía bien ni qué era un casting. No sabía con qué indumentaria ir. Entonces opté por prestarme el buzo deportivo de mi hija. Cuando llegué me reclamaron por qué no había ido vestida de pollera. Me obligaron a volver a casa y vestirme con pollera y luego me dieron 10 minutos para que prepare mi papel.

Era para el docuficción Bartolina Sisa, dirigido por don Demetrio Nina. En el casting debía interpretar a una campesina que había perdido a su esposo, a sus hijos y a su ganado. Me fue bien, aunque sentí que fueron 10 minutos eternos. El día de la actuación me fue mejor aún y actuamos con mucha voluntad y sentimiento. Luego, me llamaron para otras producciones, actué como Manuela, la esposa de Santos Marka T’ula (el luchador reivindicacionista aymara).

Luego, el profesor Luis Zamorano me invitó a aprender sobre la materia. Después apareció el director Miguel Huarina y realizamos más filmes y participamos incluso en Fuego de Libertad, realizado con motivo del Bicentenario de la gesta libertaria paceña (2009). Recuerdo que en la promoción del filme nos trataron mal y me fui a quejar hasta el presidente Evo Morales.

—¿Quién las trató mal?, ¿Qué pasó?

—Nos dividimos en grupos. Yo y una compañera fuimos a la entrevista de la red PAT vestidas con los trajes de la actuación, como indígenas, a las 6:45. Luego, a las 8:45, llegaron quienes actuaban como damas antiguas. Pero a nosotras nos dijeron que esperemos y a ellas que pasen. Les encaré, les dije que nosotras éramos actrices, que por qué pensaron que yo no sabía expresarme, y nos fuimos.

Más tarde, coincidía con la inauguración del túnel de la plaza San Francisco. Mientras se preparaba el acto, llegaron unos hombres de negro y me pidieron que me aleje. No sabía para qué era, estaba enojada por lo de PAT, y me resistí un poco. De pronto, llegó el presidente Evo Morales. Tanta era mi rabia que me acerqué a él y le conté lo que había pasado en PAT. Puso su mano sobre mi hombro y llamó a su jefa de protocolo.

Ella me dijo que no me preocupe y me dio una invitación para la cena que hubo en el hotel Radisson al día siguiente. Pensaba que era broma. Pero al día siguiente fuimos con el protagonista principal, que hacía de Pedro Domingo Murillo, y fue una linda cena.

—¿Y cuándo la buscaron otras productoras?

—Bueno, luego nos invitaron a realizar unos spots sobre la Guerra del Agua en la zona del puente Lipari. Ahí ya, sí, nos pagaban. Nos trataron muy bien. Luego, vino una productora extranjera (Rogue) que filmó Blackthorn. Trabajé como extra. No me importaba el puesto, sino participar, conocer a la gente, estar cerca de los actores principales.

Paralelamente realizábamos, con Miguel Huarina y su productora (MiguelIdea), la producción propia y con gran esfuerzo. Luego, trabajamos en Los últimos, del argentino Nicolás Puenzo, Lo peor de los deseos (de Claudio Araya), Virgen de Urkupiña del director peruano Leónidas Zegarra, Cuando los hombres quedan solos (Fernando Martínez), también en spots como el del Dakar.

En Bolivia es difícil hacer cine. Sólo cuando llega una productora extranjera participar es como sacarse la lotería, pero uno tiene que sacarse la mugre en el casting. Se compite con muchas personas y muy buenos actores. No es fácil, hay que poner mucha energía. Además, algo que me ha favorecido es que nunca me quedo sentada esperando mi escena. Siempre he tratado de ayudar, a recoger los cables o al catering, ayudar en todo.

—¿Y el premio del año 2017?

—Fue en la competencia del proyecto 48 horas. Ganamos el primer premio, entre 23 competidores acá, con el cortometraje Sarjañani (“Vamos” en aimara), dirigido por Iverint Franco López Churquina. Fuimos a recibir el premio al festival Filmapalooza que se realizó en Francia. Una experiencia maravillosa. Allí competimos con los 153 filmes de otros países.

Y tuvimos que hacer otro cortometraje. En esa parte ya salimos en el puesto seis. Luego fuimos a Bruselas, Bélgica, participamos en un homenaje a Matilde Casazola, después viajamos a Malmo, Suecia, Conocimos teatros, escenarios de cine, aprendimos mucho. El viaje duró 45 días. Luego, viajé a México, con el proyecto Cluster Audiovisual donde participa Iverint Franco. Participé en tres cortometrajes en la ciudad de Aguas Calientes.

—Tras semejante trayectoria, ¿cómo reaccionó cuando fue elegida en el casting para la Reina del sur?

—Hubo como 30 postulantes. Ya me invadió una fuerte emoción cuando nos enviaron el zoom para que mandemos el diálogo. Ahí decía: “Reina del sur”. Uhhh. Eso repetía en mi cabeza, era una emoción algo desconocida. Luego de que envié los dos videítos por celular, pasaron como 10 días. De pronto, me llaman y me dicen: “Susi, has sido elegida para La Reina del sur. ¿Estás asimilando?”. Yo dije: “Sí, sí”. Pero estaba solita en la casa y al levantarme casi me caigo. Fue una emoción muy fuerte, bonita, pero difícil de describir.

—Con el paso del tiempo, ni quién ya le desaliente cuando se anima a algo. ¿No es cierto?

—No, más bien, recuerdo siempre a una señora para la que trabajé: doña Lita Ríos de Zapata. Ella siempre me apoyaba y hasta cuando sabía que tenía que ir a algún compromiso me decía que deje mi labor y vaya. La admiro y agradezco cómo se ha portado conmigo. Y sí, soy perseverante. Aún quiero llegar más lejos, no importa que tenga 62 años. Y cuando alguien me dice que no podré, sólo me da fuerzas para lograrlo.

—Roberto Carlos, quien en su sueño la llevaba por camerinos es su cantante favorito. ¿Quiénes son sus actores favoritos y por qué?

—Russell Crowe, de El gladiador, y Jackie Chan son mis favoritos. Quizás porque saben pelear, saben caer y saben levantarse.


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